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El Miracle dels Peixets

April 6, 2020

Cuando cambias tu residencia y estás recién llegada a ese entorno, que debes ir descubriendo día a día, para suplir tus necesidades: comercios, centros médicos, transporte público, ubicación de tiendas y mercadillos, y hasta quién será tu nueva estilista… etc, también cobra una especial importancia tu nuevo círculo de amistades. Conocer gente, integrarte y que te acojan es algo fundamental para sentirte bien en ese nuevo lugar.

 

Había oído hablar de los pueblos d´Horta Nord y de sus acogedoras gentes, pero tengo que decir en primera persona, que así fue. Me sentí con una sensación de comodidad desde un principio y en distintos ambientes. Su carácter abierto y cercano me lo ponía muy fácil, dada esa “oculta” timidez” que a veces me limita a ser más extrovertida y hasta me gustaba el chascarrillo de “forastera” en un pueblo donde todos se conocen.

 

Me encantaba conocer  la historia de sus pueblos y preguntaba por monumentos emblemáticos, edificios históricos o lugares con encanto, que es mi gran pasión. Comenzaron esas muchas tertulias en las que, rodeada de gente amiga y sus conocidos, se abría hueco el sabor de tradición y  de sus fiestas populares (las paellas, las ollas, “els bous al carrer”, las fallas, bailes típicos, pasacalles…),  en definitiva las costumbres y actos culturales de cada localidad y ese arraigo que los unía.

 

Un día cualquiera un lugareño mencionó un milagro, para algunos fábula, pero de la que todos habían oído hablar pasando de padres a hijos y perdurando durante siglos de generación en generación. Me cautivó escucharlo porque me transportó a la credulidad de otra época, me documenté y efectivamente, existen numerosos documentos que lo testimonian y que hoy quiero compartir con vosotros:

 

El Miracle dels Peixets

 

En el año 1348 sucedió que un sacerdote de Alboraia quiso visitar a algunos enfermos para distribuirles la comunión o, también cuenta la leyenda, que su viaje fue debido a la llamada en Almàssera de un morisco converso, llamado Hassam-Ardà, que estaba gravemente herido y que solicitó recibir el Santo Viático. En el camino, mientras intentaba atravesar, con su mulo o caballo, el barranco del Carraixet, que venía crecido de una fuerte lluvia, resbaló en el agua y la arqueta que contenía las Hostias escapó de sus manos. El pobre sacerdote, escapando de morir ahogado, no tuvo más remedio que renunciar a la búsqueda de las Hostias dispersas en la corriente. 

 

De pronto, algunos labradores le alertaron y lo condujeron a la orilla de la desembocadura del río porque, sorprendidos, habían visto que algunos peces tenían en la boca como unos discos blancos que parecían Hostias. El sacerdote marchó con ellos, tomando consigo el cáliz, para corroborar lo que aquellos campesinos le habían contado y cuando llegó, contempló que tres peces emergían de la superficie del agua, manteniendo las Hostias intactas en su boca como pequeños trofeos.